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25. Octubre 2010 por admin.
A través de la historia de los tratamientos en adicciones y alcoholismo, la recaída ha sido uno de los principales problemas a resolver.
Hasta no hace mucho, la recaída era considerada como un hecho aislado. Para muchos, un error, un fallo, que se cometía durante la duración del programa de tratamiento. Para otros, algo necesario para poder llegar a una futura completa sobriedad.
Todo erróneo. La recaída es, como el programa de tratamiento, un proceso. No un suceso como muchos ha querido hacernos creer.
Antes de entrar a definir como se produce el fenómeno de la recaída, es necesario dejar claro que el requisito necesario para considerar que alguien ha recaído es el hecho de que la persona llevara sin consumir ningún tipo de droga durante al menos un año. Por lo tanto, todo aquel que llevando menos de ese tiempo vuelva a consumir, se considerará que “no puede parar”.
Dicho esto, la recaída se produce porque hay algo, dentro del programa de tratamiento de la persona que, o bien se ha dejado de hacer o bien, se está volviendo a realizar.Una persona no vuelve a consumir drogas de un día para otro. El consumo de drogas es el punto final de la recaída, la última etapa.
Previamente, la persona adicta habría comenzado una vuelta a los patrones emocionales y de conducta de cuando consumía drogas, pero todavía sin volver a consumirlas. Es la llamada recaída emocional. Se regresa al mismo estilo de vida que se tenía durante el consumo, pero aun no se ha ingerido sustancia. Es cuestión de tiempo.
De esta manera, se ofrece una herramienta valiosísima al adicto que radica en observar aquellos síntomas que le indican que está volviendo a viejos patrones. Está comprobado que el mero hecho de realizar esta especie de “inventario” ayuda a reducir el número de recaídas.
El realizar las mismas cosas esperando resultados diferentes es lo más próximo a la locura…..
José Luis Martínez H.Coordinador, CTMadrid
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6. Octubre 2010 por admin.
Uno de los aspectos más llamativos de la adicción y uno de los que más daño produce en las dinámicas de relación establecidas en el entorno del paciente, es la pérdida progresiva de responsabilidades por parte del paciente adicto.
En lo referente a las responsabilidades, en la mayoría de las personas hay dos tendencias contrapuestas que tienden a satisfacerse. Una de estas tendencias se dirige hacia la autorrealización relacionándose con el acúmulo de responsabilidades a medida que la vida avanza, ir subiendo escalones en lo que a responsabilidades y obligaciones se refiere (desde la independencia física de tus padres, pasando por la independencia económica hasta la formación de la propia familia con los consiguientes compromisos familiares). Por el contrario hay otra tendencia, contraria a la primera, que se dirige hacia el abandono de estas obligaciones, ya que el trabajar todos los días, tomar decisiones difíciles, cuidar y educar a tus hijos o simplemente ser responsable de tus propias emociones son cosas que pueden llegar a ser molestas convirtiéndose en aspecto a evitar en determinadas circunstancias.
Esta segunda tendencia es satisfecha mediante la adicción convirtiéndose dicha satisfacción en lo que podríamos llamar un beneficio secundario de la enfermedad adictiva. Con beneficio secundario nos referimos a la capacidad que tiene el síntoma de proporcionar un beneficio al paciente que padece dicho síntoma. Ese beneficio secundario suele coincidir con la satisfacción de una tendencia que para el sujeto sano es insoportable a nivel consciente como es el abandono progresivo de responsabilidades de la persona en el caso de la adicción.
Por esto, es fundamental que en un tratamiento de deshabituación, el paciente vaya tomando progresivamente las responsabilidades que le corresponden, que ha abandonado por su entera dedicación a la sustancia y su consumo. Al mismo tiempo el familiar, es de vital importancia en la recuperación de estas responsabilidades, ya que muchas de las obligaciones que son abandonas por el paciente, son acogidas por el familiar o el entorno del adicto, estableciéndose dinámicas relacionales disfuncionales que acaban reforzando el establecimiento de la enfermedad adictiva. El familiar, dentro de un programa de tratamiento, deberá comenzar a ceder responsabilidades que pertenecen al paciente, para que éste finalmente consiga un nivel de independencia óptimo para poder tomar de nuevo las riendas de una vida anulada por el consumo de sustancias.
Este proceso es complicado tanto para el familiar como para el paciente ya que la adicción ha roto el desarrollo natural de independencia y de toma de responsabilidades del paciente. Por un lado el familiar, no se encuentra siempre dispuesto a soltar estas responsabilidades ya que también obtiene beneficios, en algunos casos, de esas responsabilidades ajenas acaparadas. Para el adicto, al mismo tiempo, este proceso puede suponer una situación de riesgo para la vuelta al consumo, satisfaciendo, de nuevo, la tendencia destructiva de abandono de obligaciones.
Con todo esto, es importante, que el proceso de toma de responsabilidades, se realice progresivamente aunque no de manera precipitada y siempre que sea posible, de un modo coordinado entre el tratamiento del paciente y la atención al familiar dentro de un entorno psicoterapéutico.
Rafael Quinto Guillén
Psicólogo, CT Madrid
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1. Octubre 2010 por admin.
¨Para, Piensa y Reflexiona” es una de las consignas más repetidas en el tratamiento de adicciones. Este tipo de consigna está dirigido a combatir uno de los síntomas más clásicos en los pacientes aquejados de adicción: La Impulsividad. El pobre control de impulsos por parte de estos pacientes aparece tanto como causa como consecuencia del uso de sustancias, de hecho desde el campo de las neurociencias los problemas adictivos son considerados como trastorno de control de impulsos.
Se ha demostrado que el consumo abusivo de alcohol y/o cocaína produce daños en la corteza frontal cerebral donde se encuentra la capacidad de inhibir los impulsos, por lo tanto un consumo abusivo y prolongado de este tipo de sustancias se traducirá en un déficit en el control de impulsos por parte del paciente.
También se ha observado la impulsividad como un factor de riesgo en la aparición de conductas adictivas. Así, por ejemplo se ha visto que el trastorno de Déficit de Atención por Hiperactividad en la infancia que se caracteriza por altos niveles de impulsividad, es uno de los factores de riesgos a la hora de desarrollar conductas de tipo adictivas. Incluso, distintos estudios han encontrado en hijos de alcohólico altos niveles de desinhibición conductual al compararlos con hijos sin antecedentes familiares de alcoholismo elevando aún más la evidencia del gran peso que la genética tiene sobre la enfermedad de la adicción.
Pero ¿Qué es la impulsividad? La impulsividad podría definirse de muchas maneras aunque fundamentalmente sus dos aspectos más significativos podrían ser los siguientes:
- La impulsividad es la poca capacidad para inhibir una respuesta habitual
- La impulsividad es un déficit a la hora de prever las consecuencias a medio- largo plazo que una conducta puede tener.
Los seres humanos estamos continuamente tomando decisiones, incluso de manera automática. Esas decisiones las tomamos a través de árboles decisionales, es decir tenemos varias opciones de elección, sopesamos cual es la mejor opción y entonces decidimos. ¿Que ocurre en las decisiones del adicto? Un adicto con elevados niveles de impulsividad tiene grandes dificultades a la hora de valorar o sopesar las elecciones posibles en una decisión, ya que éste será incapaz de ver las consecuencias que van a tener estas elecciones en un plazo de medio a largo plazo y al mismo tiempo estas mismas elecciones le pueden estar empujado, sin previo conocimiento del paciente, hacia una respuesta habitual, que en el caso del adicto es el consumo de drogas.
Por lo tanto ese “Para Piensa y Reflexiona” tan repetido por los terapeutas en adicciones hace referencia al continuo cuestionamiento al que han de someterse las decisiones de un adicto en recuperación, intentando ver más allá de la realidad inmediata de su elección, ya que puede, sin que el propio paciente caiga en la cuenta, que las decisiones tomadas en cada pequeño paso le estén llevando hacia su respuesta habitual: EL CONSUMO.
Rafael Quinto Guillén
Psicólogo CTMadrid
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28. Mayo 2010 por admin.
Una de las cosas que se trabaja con pacientes adictos al alcohol y otras sustancias es el aprender a compartir sus vivencias y emociones con las personas que tiene en frente.
Al hablar de compartir hago referencia a la importancia que tiene para la persona hacer partícipe al otro de algo que es suyo, que llevaría implícito el abrirle al otro parte de mi mundo interno, en el cual suele permanecer encerrado el paciente adicto y es donde actúa la enfermedad.
Es bien conocido que el hablar de aquello que a uno le ha causado dolor o de aquellas vivencias que a la persona se le tornan complicadas tiene un efecto curativo en aquel que lo hace y también ayuda a aquel que lo recibe. En la terapia con adictos el compartir lo que uno siente, piensa o hace es uno de los objetivos básicos a conseguir.
Cuando la persona adicta consigue abrir su caparazón y mostrarse a los demás empieza a dejar al descubierto quien es él realmente, consigue bajar la intensidad y liberarse del dolor que padece y no expresa, logra así salir de su aislamiento afectivo y empieza a entrar en el proceso de sanación.
El compartir con los otros es un recurso con el que cuenta la persona en tratamiento por adicción para poder además abrir su campo de mira y recibir las vivencias de otros que le pueden ayudar a generar alivio en sí mismo o a encontrar salida allá donde no la veía.
Genera que pueda analizar mejor aquello que le está ocurriendo y poder darse cuenta de si está distorsionando la realidad o si se le está pasando por alto que es su enfermedad la que le está haciendo tomar determinadas decisiones que le ponen en un alto riesgo.
En fin, el poner en palabras lo que uno siente o piensa es una manera de sanar y a su vez de pedir ayuda, eso que tanto cuesta al adicto.
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