RESISTENCIA AL CAMBIO EN PERSONAS ADICTAS

Empezaría planteando una pregunta a todos los que leáis este articulo:¿Qué hace que una persona quiera cambiar? es más ¿Qué hace que un adicto quiera cambiar la situación de dolor en la que vive?

Sería difícil concretar qué es lo que lleva a una persona a querer generara un cambio en su vida aunque si que tenemos algunas respuestas. Una de la cosas que genera ese cambio seria la percepción de malestar subjetivo por parte de la propia persona con la situación que está viviendo, aunque a veces las personas acuden a consulta por el malestar que a otros les generan algunas de las conductas o actitudes que ellos mantienen, aunque a ellos no les genere malestar alguno. Seria este el caso de muchos adictos que vienen a consulta por el malestar que está generando a su familia su consumo de alcohol, cocaína o sus problemas de juego no siendo este capaz de identificar el malestar que siente él y expresarlo debido a la negación en el que le mantiene su enfermedad adictiva.

En el caso del adicto son normalmente los familiares los que piden ayuda por ellos, aunque cuando entran en tratamiento los familiares también se dan cuenta de que ellos también necesitan generar modificaciones en la manera que tienen de actuar para con el enfermo adicto para que así estos produzcan cambios, entre los que estaría el dejar de consumir.

El cambio implica dejar de hacer aquello a lo que ya estoy acostumbrado y que en muchas ocasiones me resulta dañino para poder probar aquello que aún no conozco o que aún conociéndolo no he experimentado. El desarrollo del ser humano lleva implícito el cambio a pesar de que este resulte doloroso ya que tras ese dolor aparecen los mayores beneficios para la persona, aquellos que van de la mano del crecimiento y madurez emocional.

Uno de las mayores dificultades con la que nos encontramos los profesionales a la hora de trabajar con la población adicta es con la resistencia al cambio.

En un principio hemos de trabajar con motivar a la persona para que pueda dejarse ayudar a raíz de que tenga la percepción de que padece una enfermedad y que vea las consecuencias que esta produce en toda su vida. Quizás sea este uno de los pasos más difíciles a atravesar por el adicto y en el que más ayuda necesite tanto por parte de la familia como de profesionales.

Una vez en tratamiento son muchas también las resistencias que el adicto al alcohol u otras sustancias pone en marcha para evitar el cambio, ya que este supone salir de su zona de comodidad y en muchas ocasiones le lleva a tener que ponerse “en contacto con” el dolor que conlleva el dejar algo a lo que uno ya estaba acostumbrado.

Solo mediante el cambio uno puede experimentar el verdadero crecimiento personal.

Como diría Frit Perls: “Hay que dejar de ser el que uno no es para ser el que uno es”

Verónica Merino Rodríguez
Psicóloga en adicciones

Implicaciones de la función cognitiva en el tratamiento del alcoholismo

Un gran número de alcohólicos, concretamente del 50 al 70% muestran déficit neuropsicológicos de leves a moderados a consecuencia de la alta neurotoxicidad del alcohol y de la vulnerabilidad del individuo a esos efectos. Los déficit neuropsicológicos encontrados se refieren fundamentalmente a las siguientes funciones: habilidades perceptivo motoras y visoespaciales, memoria y aprendizaje, velocidad de procesamiento de la información, atención y la función ejecutiva que englobaría, a su vez, la capacidad de planificación, la solución de problemas, la inhibición y la abstracción.

Se ha observado en numerosos estudios que dichos déficit se recuperan en el tiempo mediante una estricta abstinencia. Parece que el rendimiento en dichas funciones disminuye durante el primer mes de abstinencia debido principalmente a la sintomatología del síndrome abstinencia, pero una vez  superado dicho síndrome hay una recuperación progresiva de la función cognitiva siempre y cuando perdure la ausencia de consumo.

En esta progresión en la recuperación neuropsicológica en el paciente alcohólico, hay determinadas funciones que se recuperan antes y otras que comienzan a  mostrar mejoría más adelante. Dentro de estas funciones más tardías en la recuperación se encuentra la función ejecutiva o las funciones que se encuentran localizadas en la parte más frontal del encéfalo.

Dentro del funcionamiento ejecutivo se encuentra como hemos comentado anteriormente, la capacidad de planificación, la inhibición conductual y el razonamiento abstracto. Estas funciones son fundamentales a la hora de asegurar un cierto éxito en los tratamientos de deshabituación utilizados en el alcoholismo crónico. Por  ejemplo un paciente con déficit en su capacidad de planificación puede exponerse con una mayor facilidad ante situaciones de riesgo y está comprobado que si este paciente presenta daños en lo referente a la inhibición conductual le resultará más costoso, ante situaciones de riesgo, inhibir el impulso de beber. Por otra parte dentro un programa de tratamiento es fundamental que el paciente disponga de una adecuada capacidad de razonamiento y abstracción de los distintos conceptos que se le vayan presentando durante el programa, al igual que una aceptable capacidad para interiorizar dichos conceptos.  

Por esto, es fundamental que se tenga en cuanta el nivel de deterioro cognitivo que presenta un paciente alcohólico que va a seguir un tratamiento de deshabituación y así poder adaptar dicho programa a los niveles de recuperación de las funciones cognitivas deterioradas. Dentro de estas adaptaciones se podría destacar la inclusión de rehabilitación cognitiva en este tipo de programas. Incluso en pacientes altamente deteriorados comenzar basando el tratamiento en medidas únicamente conductuales para asegurar la abstinencia del paciente para posteriormente y coincidiendo con la recuperación de las distintas funciones ejecutivas, ir pasando a un tratamientos más de tipo psicológico-introspectivo, donde se de más prioridad al abordaje de conceptos abstractos como son los distintas problemas emocionales que afectan a este tipo de pacientes.

 

José Luis Martínez Hernández

Coordinador Programa Tratamiento

¿Qué es el alcoholismo?

El alcoholismo, también conocido como “síndrome de dependencia al alcohol,” es una enfermedad que se caracteriza por los siguientes elementos:

 

 - Deseo insaciable: el deseo o necesidad fuerte y compulsiva de beber alcohol.

 

- Pérdida de control: la inhabilidad frecuente de parar de beber alcohol una vez la persona ha comenzado.

 

- Dependencia física: la manifestación de síntomas después de abstinencia tales como vómitos, sudor, temblores, y ansiedad cuando se deja de beber después de un período de consumo de alcohol en grandes cantidades. Estos síntomas son usualmente aliviados cuando se vuelve a beber alcohol o se toma alguna otra droga sedante.

 

- Tolerancia: la necesidad de aumentar la cantidad de alcohol ingerida para sentirse drogado o intoxicado.

 

El alcoholismo es un problema que tiene poco que ver con el tipo de alcohol que se consume, cuánto tiempo se ha estado bebiendo, o la cantidad exacta de alcohol que se consume. Sin embargo, el alcoholismo tiene mucho que ver con la necesidad incontrolable de beber y con lo que sucede en la vida de la persona cuando bebe.

 

Esta definición de alcoholismo nos ayuda a entender porque para la mayoría de los alcohólicos un “poco de fuerza de voluntad” no es suficiente para dejar de beber.

 

El alcohólico o la alcohólica se encuentran frecuentemente bajo el control de un deseo poderoso o necesidad de ingerir alcohol, una necesidad que puede sentirse tan fuerte como la necesidad de agua o comida. A pesar de que algunas personas se pueden recuperar sin ayuda, la mayoría de las personas alcohólicas necesitan ayuda externa para recuperarse de esta enfermedad. Con ayuda, apoyo y tratamiento, muchas personas son capaces de dejar de beber y de rehacer sus vidas.

 

Muchas personas se preguntan: ¿Por qué algunas personas pueden beber alcohol sin problemas, mientras que otras son totalmente incapaces de controlar sus hábitos de beber alcohol? Investigaciones recientes han demostrado que para muchas personas la vulnerabilidad al alcoholismo es heredada. Sin embargo, es importante reconocer que los factores en el ambiente de la persona tales como las influencias de los compañeros y la disponibilidad de alcohol influyen significativamente. Ambos factores, los heredados y los del ambiente, son llamados “factores de riesgo.” A pesar de estos factores, el riesgo no determina el destino. El hecho de que el alcoholismo tiende a ser común en algunas familias no significa que el hijo o la hija de un padre o una madre a alcohólica automáticamente desarrollarán alcoholismo.

 

José Luis Martínez Hernández

Coordinador Programa Tratamiento

 

 

El compartir que sana en la terapia con alcohólicos y otros adictos.

Una de las cosas que se trabaja con pacientes adictos al alcohol y otras sustancias es el aprender a compartir sus vivencias y  emociones con las personas que tiene en frente.

Al hablar de compartir hago referencia a la importancia que tiene para la persona hacer partícipe al otro de algo que es suyo, que llevaría implícito el abrirle al otro parte de mi mundo interno, en el cual suele permanecer encerrado el paciente adicto y es donde actúa la enfermedad.

Es bien conocido que el hablar de aquello que a uno le ha causado dolor o de aquellas vivencias que a la persona se le tornan complicadas tiene un efecto curativo en aquel que lo hace y también ayuda a aquel que lo recibe.  En la terapia con adictos el compartir lo que uno siente, piensa o hace es uno de los objetivos básicos a conseguir.

Cuando la persona adicta consigue abrir su caparazón  y mostrarse a los demás empieza a dejar al descubierto quien es él realmente, consigue bajar la intensidad y liberarse del dolor que padece y no expresa, logra así salir de su aislamiento afectivo y empieza a entrar en el proceso de sanación.

El compartir con los otros es un recurso con el que cuenta la persona en tratamiento por adicción para poder además abrir su campo de mira y recibir las vivencias de otros que le pueden ayudar a generar alivio en sí mismo o a encontrar salida allá donde no la veía.

Genera que pueda analizar mejor aquello que le está ocurriendo y poder darse cuenta de si está distorsionando la realidad o si se le está pasando por alto que es su enfermedad la que le está haciendo tomar determinadas decisiones que le ponen en un alto riesgo.

En fin, el poner en palabras lo que uno siente o piensa es una manera de sanar y a su vez de pedir ayuda, eso que tanto cuesta al adicto.

Verónica Merino Rodríguez - Psicóloga 

Alcoholismo: ¿Vicio o Enfermedad?

 El Problema del alcohol acosa al hombre desde el momento en que éste lo descubrió como paliativo para los dolores de del cuerpo y del alma. Comparativamente, es sólo en época relativamente reciente que la ciencia comienza a interesarse verdaderamente en estudiar este problema con mayor profundidad. Esto se ha debido, principalmente, a que el alcoholismo ha sido, de todas las adicciones, la que mayor numero de víctimas se ah cobrado. Es, además, la enfermedad más costosa a nivel mundial.

Anteriormente, el esfuerzo por erradicar el abuso del alcohol se había limitado a tratar de controlar o limitar la producción de esta sustancia, así como también, a controlar y penalizar a la persona intoxicada. Finalmente, y tras años de experimentación y estudio, en 1956 se consideró al alcoholismo “una enfermedad” (OMS).

No fue fácil ni para profesionales en el ámbito médico ni para el público en general, aceptar esta realidad. La mayoría de las personas consideraban que esta sería la excusa perfecta para justificar el hecho de que la persona siguiera bebiendo cada vez más. Por ello, se rechazó de inmediato la idea de que el alcoholismo pudiera ser una enfermedad. No obstante, hubo otros que vieron en esta  definición una nueva vía de posibilidades…

De esta forma, surgieron una serie de modelos para el tratamiento del alcoholismo que dejaban de considerar el hecho como un vicio o una falta o flojedad de carácter para abordarlo como lo que realmente es, una enfermedad.

Así, comenzaron procesos de investigación en los que el objetivo era determinar cuáles eran las características concretas de esta enfermedad. Determinando las características sería más sencillo poder establecer un tratamiento adecuado.

En el desarrollo de los diferentes estudios se pusieron de manifiesto determinadas evidencias que venía a chocar, frontalmente, con las concepciones que hasta el momento, se tenían del alcoholismo.

El alcoholismo, considerado siempre como el problema principal de una persona, paso a ser un síntoma de un desajuste multifactorial en las diferentes esferas que componen la vida de una  persona. En la vida de esta persona, el alcohol funcionaba como un catalizador, una herramienta que permitía aliviar su malestar interno.

Consecuentemente, el objetivo principal de estos nuevos modelos de intervención en alcohólicos consistía en que la persona afectada tuviera, antes que nada, información y conciencia de la enfermedad que padecía. De ahí, podría plantearse el siguiente objetivo: cómo hacer que la persona se responsabilice de ella misma. Pero no solo en el ámbito de sus responsabilidades materiales o externas sino responsabilidad en el ámbito emocional o interno. Es, en este punto, donde radica el origen del alcoholismo. No sería aventurado definir al alcohólico como un analfabeto emocional. La incapacidad para que la persona pueda indentificar, en un primer momento, y aceptar con posterioridad, las emociones y sentimientos que experimenta en cada momento de su vida es la base, sin olvidar componentes bio-psico-sociales que también confluyen, de la aparición de la enfermedad.

Hay una frase que explica perfectamente el cambio de percepción que los nuevos modelos incorporan: “Una persona no se hace alcohólica por que consuma alcohol; consume alcohol por que es alcohólica…”

De esta forma, la condición de alcohólico no la determina el consumo de la sustancia, sino otra serie de factores que hacen que una persona llegue a abusar del alcohol para intentar dar respuesta a situaciones y acontecimientos en su vida que de manera natural, no alcanza a solucionar.

Sería como decir que se puede ser alcohólico sin beber. Y como se entiende esto?. Sencillo. El alcoholismo es una forma de afrontar la vida y el alcohol es lo que el alcohólico utiliza, en su creencia, como ayuda para poder afrontarla.

Hoy por hoy, cualquier programa de tratamiento para alcohólicos o cualquier modelo de intervención terapéutica que no considere que el alcoholismo sea una enfermedad, está condenado al fracaso.

Casualmente, los modelos de tratamiento a nivel mundial que mas efectividad están demostrando son aquellos que, además de considerar al alcohólico como un enfermo desde el aspecto físico también consideran al alcohólico como un enfermo desde el aspecto emocional.

El alcoholismo es una enfermad emocional. Una enfermedad del alma……

José Luis Martínez Hernández - Terapeuta en Adicciones

La Familia Del Adicto

 Familia y adicciones

 

Cuando  el problema de la adicción  se instala en una familia son altos los desajustes que se producen en ella. Es  bien sabido que el consumo de uno de los miembros no solo afecta a aquel que consume, sino también a aquellos que le rodean y, por tanto, la familia es para nosotros uno de los pilares básicos con los que trabajar para reparar el daño que ésta ha sufrido y ver la dinámica que han establecido para poder sobrevivir en una situación que cuanto menos es caótica.

Cuando me refiero a  vivir con el consumo, no solo hablo de aquellas personas que  conviven con alguien que consume sustancias(cocaína, alcohol, cannabis) sino también de aquellas que padecen adicciones psicológicas o conductuales, ya que el daño que se ocasiona en los que conviven con él son los mismos.

 Son muchos los sentimientos que abarcan a  los familiares de los adictos. La ansiedad, el dolor, la tristeza, impotencia, culpa, etc que viven aquellos que conviven con él hace que poco a poco vayan enfermando  junto con el  miembro que es consumidor. Se habla de que la familia enferma, debido a que al aparecer en escena un miembro con problemas de consumo, va a tener que producir una serie de cambios para ir adaptándose a dicho problema. Dentro de estas adaptaciones que se van dando dentro de la familia, cada uno va a ir adquiriendo diferentes papeles o roles con funciones diversas frente a la persona adicta para poder mantener una estabilidad familiar, un equilibrio dentro del caos.

Todos esos sentimientos que abarcan al familiar suelen permanecer guardados y no han podido ser expresados ya que entre toda la vorágine que viven no hay tiempo para poder prestar atención a lo que ellos sienten sino que toda su atención va a estar dirigida hacia el adicto, no hay tiempo para mirar nada más, ni a si mismos, ni sus relaciones de pareja o el cuidado de otros hijos, y poco a poco esta familia va enfermando.

Podríamos localizar tres roles básicos que adquieren aquellas personas que conviven con una persona adicta. Serian más bien roles que lejos de contribuir a que el adicto abandone su consumo, facilitan el que permanezcan en él, aunque el familiar no sea consciente de ello. Normalmente existe la tendencia a situarse con mayor frecuencia en uno que en otros, aunque la misma persona suele pasar por los diferentes roles en diferentes momentos.

Hay miembros de la familia que adoptan un papel de salvadores o rescatadores frente a la persona adicta. Lo que quieren es ayudarle  y para ello intentan hacerse cargo de aquellas responsabilidades que estos van dejando a un lado en la medida que avanza su consumo. Nos encontramos entonces con familiares que se sobrecargan con responsabilidades que no les corresponden, y lejos de ayudar, sin darse cuenta, están  propiciando  la inmadurez, la dependencia y el consumo del adicto.

Al estar tan pendiente de las responsabilidades y las necesidades del adicto, tiende a olvidarse de las suyas o no tiene energías para hacerles frente dándose en el familiar un alto grado de estrés y ansiedad que genera problemas físicos y mentales.

Se llega a confundir ayudar a otro con salvarle o rescatarle y la diferencia entre ambas cosas es muy significativa.

Algunos familiares se convierten en perseguidores, serian aquellos que van detrás del adicto sermoneándole y culpándole una y otra vez, tendiendo a hacerlo manteniendo discursos con la finalidad de impactarle emocionalmente para que así abandone el consumo. Lejos de esto lo que se establecen son dinámicas que generan un clima de mayor malestar en la familia sin conseguir atajar el problema y generándose mayores discusiones.

Debido al dolor vivido y a ver que sus esfuerzos y estrategias para que el adicto deje de consumir son inútiles, se genera una gran impotencia en la familia que hace que algunos adopten el papel de Víctima en el que la queja está continuamente presente y que no les permite coger las riendas de la situación que viven.

Entran así en una dinámica de autocompadecerse que les dificulta centrarse en aquello que pueden hacer para salir de la situación problemática.

En un principio la familia acude a tratamiento con la idea de que el enfermo es solo uno, aquel miembro que consume, pero en realidad detrás del sujeto adicto se esconde siempre una familia enferma que sigue una dinámica disfuncional, dinámicas marcadas por el chantaje y la manipulación emocional, la falta de afecto o reconocimiento, la necesidad de complacer al otro,..

Todo empieza a ser algo confuso para el familiar cuando empieza  a darse cuenta que su afán obsesivo por rescatar al otro, al adicto, proviene de una necesidad de salir o focalizar la atención en cualquier cosa que no sea él mismo, para no ver el dolor y el sufrimiento de su propia vida. Mientras se ocupan del enfermo adicto no se ponen en contacto con el dolor de muchos otros sucesos que están ocurriendo u ocurrieron en su vida y viven en la creencia de que todo su malestar emocional viene causado por la condición de enfermedad del adicto.

La recuperación del miembro que padece adicción estaría, por tanto,  basada en un proceso de recuperación familiar y en la medida que cualquier miembro del sistema inicie cambios personales se ocasionaran cambios en el resto para reajustarse y adaptarse a la nueva situación.

En definitiva, la familia que convive con un miembro que padezca la enfermedad de la adicción es una familia que a su vez esta enferma y que necesita ayuda para poder sanar. Sería una familia en la que sus miembros han perdido contacto consigo mismos ya que su atención ha estado centrada en rescatar obsesivamente al adicto de la situación que vive.

Es momento de empezar a mirar por esa parte tan olvidada pero tan importante como son aquellos que conviven diariamente con la persona enferma de adicción. Entendemos  la familia como una parte importante  del desarrollo y mantenimiento de la enfermedad adictiva y como sistema que sufre y necesita de ayuda para poder recuperar la mirada y la atención hacia si mismos y recuperarse de su propia enfermedad: la codependencia.

Verónica Merino Rodríguez

Psicóloga 

 

 

 

La Dificultad de Responsabilizarse de uno mismo en el Adicto y el Familiar.

Tratamiento de las adicciones

A partir  de la observación en terapia con personas que padecen problemas de consumo y sus familiares se encuentra una gran  dificultad del adicto de responsabilizarse de él mismo, tanto de lo que siente, piensa y hace como la dificultad del familiar para soltar esas responsabilidades que no le corresponden. En base a esto añado las siguientes ideas.

Entiendo una persona adicta como aquella que tiene dificultades para cuidar de él, para hacerse cargo de aquello que es suyo, en fin  aquella persona que tiene problemas  para hacerse responsables de si mismo/a, causando esta actitud  comportamientos inmaduros y dependientes. El adicto como persona que depende de sustancias para no responsabilizarse de sus sentimientos y de otras personas para que se hagan cargo de lo que solo a él le corresponde.

Antes de continuar me parece de importancia señalar que algo que contribuye a entender todo esto seria el tener presente la idea de que, como ya sabemos, el  consumo en la población parece comenzar cada vez a edades más tempranas, se señala que en torno a los 14 años se inician los primeros consumos, siendo estos  unos momentos en los que la persona se encuentra en proceso de maduración, entendido este como un proceso en el que uno empieza a darse cuenta de que sus acciones tienen unas consecuencias y que  han de responder por ellas, etapa en que se comienzan a tomar decisiones por uno mismo, a coger responsabilidades que a uno le corresponden por edad,etc.. Cuando los consumos empiezan de manera tan temprana digamos que se produce como un estancamiento en el proceso madurativo del sujeto que las consume, produciendo una paralización en lo que ha madurar se refiere. Por eso en clínica nos encontramos con personas adictas que a pesar de tener 30 años tienen las mismas dificultades que un chaval de quince o dieciséis años en cuanto a límites, adquisición de responsabilidades, aplazamiento de gratificaciones, etc…

Adquirir responsabilidades seria RESPONDER POR… aquello que yo he decidido o que he hecho, hacerse responsable es saber que a pesar de que seria más cómodo que otro cargase con cosas que son mías me corresponde a mi hacerme cargo de ello, saber  que a pesar de que tenga muchas personas a mi alrededor que no tendrían problema  en ocuparse de lo mío soy yo el que lo quiere hacer por que me corresponde y porque es lo que me ayudara a crecer. Hacerse responsable de uno mismo, implicaría a su vez, hacerse cargo de lo que uno siente, respetarlo, gestionarlo, dejarlo estar…y AHI reside el gran problema de la persona consumidora: HACERSE CARGO DE SUS SENTIMIENTOS.

Pero el problema de la responsabilidad no es exclusivo solo de uno sino que entran en juego más personas. En el caso de la familia del adicto son muchas las dinámicas que se mantienen que hacen que se facilite la no adquisición de responsabilidades y madurez del  familiar consumidor. Madres, padres, hermanos, etc.. que se hacen cargo de las cosas que le corresponde al otro con la idea  de que así están ayudándole cuando lo que sucede es todo lo contrario, facilitar que el otro siga consumiendo.

La dificultad viene cuando el familiar ha de soltar todas esas responsabilidades que ha cogido y que no le corresponden porque es entonces cuando, en muchas ocasiones, empieza a aparecer un gran sentimiento de vacío, ya que sino me ocupo del otro me tengo que ocupar de mi, me he de responsabilizar de lo mío, y eso cuesta porque precisamente es lo que llevo intentando evitar durante mucho tiempo, quedarme cara  a cara con como me siento yo, con mirar mi propia realidad en relación por ejemplo a mi pareja, a la  familia de la cual provengo, a mi vida, a mi misma….

En terapia se aprecia como muchos familiares, en sentido metafórico, pasan  tanto tiempo mirando si los zapatos del de enfrente están limpios o no que se olvidan  de mirar como están los suyos y cuando se los miran y ven que están muy sucios les duele ver que se han olvidado  de ellos mismos y que han  de reencontrarse con muchas heridas propias. Sería algo así como que uno se pasa la vida intentando curar las heridas del que tiene al lado sin darse cuenta de las suyas propias y ahí esta el verdadero problema. De aquí es de donde  emergen las relaciones disfuncionales, aquellas que son de tipo dependiente y que dicha dependencia se da en los dos sentidos: Yo dependo de ti  para poder seguir sin responsabilizarme de lo que siento, pienso y hago y , a su vez, el otro  depende de mí para no ver lo que siente, piensa o hace

En tratamiento una gran parte va enfocada a darse cuenta como en la mayoría de los conflictos que surgen (ya sea entre pareja, con los padres o con cualquier otro miembro, sea de la familia o no) provienen de conflictos de responsabilidades, en las que uno coge las que le corresponden al otro y el otro aprovecha dicha situación, o  uno involucra a otro para que coja sus  responsabilidades solo cuando a él le interesa y luego dice sentirse invadido cuando ya no le viene bien.

Nos encaminaríamos por tanto a guiar a que la persona pueda darse cuenta y hacerse consciente de :¿Que parte de responsabilidad tiene él/ella sobre lo que le esta ocurriendo?. En todos los problemas o conflictos he de mirar mi parte y dejar de enfocarme en la del otro, ya que en la medida en que lo haga me estaré responsabilizando de mi mismo y podré contribuir a producir cambios o buscar soluciones,  cosa que es prácticamente imposible si mi atención esta centrada en reprochar al otro o culparle de la situación.

Entiendo por tanto que el responsabilizarse de uno mismo seria sinónimo de crecimiento y madurez, un salir del estado infantilizado y dependiente en el que mantiene la enfermedad de la adicción para lograr al fin romper con aquello que me hace dependiente.

VERÓNICA MERINO

Psicóloga